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lunes, 17 de enero de 2011

Atardecer en la charca de las grullas

A veces ese hada madrina caprichosa de los fotógrafos de naturaleza te echa una mano cuando todo parece perdido ante un mal día de fotos con toda la mala suerte del mundo en contra. Ocurre pocas veces, pero algunas si que ocurre, y eso pasó el domingo pasado en las llanuras húmedas de Gallocanta. Allí nos repartimos los hides entre los colegas para quemar las tarjetas de memoria con las más de 20.000 grullas que este año pasan el invierno en estas tierras. Un fin de semana soleado casi primaveral, con una luz increíble, tiempo y muchas, muchas aves para fotografiar.

El azar tiró los dados y las grullas desde primeras horas del día decidieron, como si de un ejército disciplinado se tratara, colocarse en el hide opuesto al que nosotros dos teníamos. La escena era para verla y no creerla. 20.000 y la madre que las trajo de grullas colocadas en el extremo de la zona donde están los hides, al lado del primero y cerca del segundo, y ninguna en el que nosotros estábamos. Como si en vez de cebar el entorno con grano, como hicimos la noche anterior, lo hubiéramos hecho con un producto repelente de aves zancudas.

Así fue casi todo el día, hasta que ya cayendo la tarde, el hada se apiadó de nosotros y un pequeño grupo de grullas se acercó indolente por el lateral donde está una pequeña charca rodeada de altas gramíneas secas.



Las aves se dejaron mecer por la suave brisa que se levantaba entre el siseo de la hierba seca, tomando los últimos rayos de sol del día.
Sin prisa, adormiladas por el calor invernal buscaban algo para cenar.



Poco a poco se fueron levantando con la intención de bajar a la charca que se había deshelado con el sol del mediodía.



El agua fría de la charca las despabiló y saciaron la sed a última hora con el sol escondiéndose entre los montes del horizonte.





Con la luz anaranjada del día que se acababa todo el tropel del pequeño grupo empezó a despegar entre el trompeteo y la excitación del bando que ya pasaba por encima de nuestras cabezas.



Un beso y un abrazote para Mari Ángeles, Javier Sanz, Javier López y Quique Navarro que fueron nuestros compañeros de aventuras en este inolvidable fin de semana.

Esperamos que os haya gustado amigos, y muchas gracias por vuestros comentarios.

Hasta la próxima.

lunes, 10 de enero de 2011

Correlimos en el mar dorado

Que buenos días pasamos en tierras gallegas. Todavía tenemos el ruido del mar y el olor del salitre de la ría de Arosa metido en el cuerpo. Un paraiso para el fotógrafo de aves.

En esta entrada os mostramos algunas de las fotos que hicimos a un grupito de correlimos que andaban atareados entre las rocas de la orilla buscando el sustento matinal, mientras el calor del sol invernal nos caldeaba a todos, aves y nosotros incluidos. Nos costó dios y ayuda acercarnos lo suficiente, reptando entre las rocas para poder fotografiar a estos pequeñajos. Al final creo que se dejaron para que esos dos pesados vestidos de verde que se escondían entre las rocas se fueran lo antes posible, je, je.

Estas son las que más nos gustaron:







Esperamos que os gusten.

Muchas gracias por vuestros comentarios y hasta la próxima amigos.